Salire a bordo del catamarano Ikigai e navigare tra le isole incontaminate delle San Blas è stato molto più di una semplice vacanza: è stata un’esperienza profonda, fuori dal tempo, capace di arricchire profondamente e di rimanere impressa ben oltre il rientro a casa.
L’arcipelago è di una bellezza disarmante: isolette selvagge, mare cristallino, barriera corallina viva, squali, mante, vento e sole.
Un luogo ancora protetto e autentico, dove la popolazione locale dei Guna Yala accoglie con gentilezza e semplicità, rendendo tutto ancora più speciale.
Il catamarano Ikigai è estremamente confortevole e curato in ogni dettaglio: a bordo non manca davvero nulla. Dalla macchina per l’espresso al forno per il pane, fino al barbecue, ogni comfort supera le aspettative. Il mio posto del cuore? Senza dubbio le reti a prua: perfette per rilassarsi, leggere o semplicemente lasciarsi cullare dal mare.
Le giornate scorrevano in un equilibrio perfetto tra avventura e relax.
Yoga e meditazione al mattino, allenamenti strutturati e sessioni di boxe su spiagge bianchissime, partite di pallavolo, snorkeling e immersioni.
L’introduzione all’apnea è stata per me un’esperienza viscerale e potente. Imparare a respirare,ascoltarsi,un’immersione non solo nel mare ma anche dentro me stessa, accompagnata da emozioni così intense e profonde.
L’atmosfera a bordo è stata straordinaria: sorrisi, risate, condivisione, confronto tra lingue e culture diverse. Un clima umano e autentico che ti fa sentire parte di una piccola famiglia.
Gran parte di tutto questo è merito di Luca e Paola:
due persone speciali che ci hanno accolti, accuditi e viziati con naturalezza, energia ed entusiasmo.
Conoscerli come persone, oltre che come professionisti, è stato un vero privilegio e ne sono davvero grata.
E poi il cibo… semplicemente eccellente. Colazioni sempre curate, pranzi e cene a base di pesce fresco appena pescato, piatti creativi e sapori autentici.
Dalla carbonara preparata a regola d’arte da Luca,alle aragoste,al sashimi di pesce appena pescato,fino alla torta di compleanno preparata a sorpresa da Paola.
Ogni pasto é stato un momento di piacere condiviso e di vera connessione.
La sicurezza a bordo è stata impeccabile. La navigazione è sempre stata gestita con grande attenzione, professionalità e attrezzature adeguate. Mi sono sentita costantemente in mani esperte, libera di godermi ogni momento in totale serenità.
Nuotare con gli squali, osservare le aquile di mare a pochi metri, meditare al tramonto, ballare sotto un cielo stellato attorno al fuoco,vivere la semplicità della vita in mare con persone speciali che condividono le tue stesse passioni,hanno reso questo viaggio indimenticabile.
Consiglierei questa esperienza senza alcuna esitazione.
Ikigai non è solo un catamarano, ma un luogo dell’anima: uno spazio in cui ritrovare equilibrio, energia e il senso delle cose importanti.
Grazie di cuore a Luca e Paola 💙
Un viaggio che porterò per sempre con me…e che spero di rifare al più presto.
Subir a bordo del catamarán Ikigai y navegar entre las islas vírgenes de San Blas fue mucho más que unas simples vacaciones: fue una experiencia profunda, fuera del tiempo, capaz de enriquecer profundamente y de quedarse grabada en la memoria mucho más allá de la vuelta a casa.
El archipiélago es de una belleza desarmante: islotes salvajes, mar cristalino, arrecifes de coral vivos, tiburones, mantarrayas, viento y sol.
Un lugar aún protegido y auténtico, donde la población local de Guna Yala te recibe con amabilidad y sencillez, haciendo que todo sea aún más especial.
El catamarán Ikigai es extremadamente cómodo y está cuidado hasta el último detalle: a bordo no falta realmente de nada. Desde la cafetera de espresso hasta el horno para el pan, pasando por la barbacoa, todas las comodidades superan las expectativas. ¿Mi rincón favorito? Sin duda, las redes en la proa: perfectas para relajarse, leer o simplemente dejarse mecer por el mar.
Los días transcurrían en un equilibrio perfecto entre aventura y relax.
Yoga y meditación por la mañana, entrenamientos estructurados y sesiones de boxeo en playas de arena blanca, partidos de voleibol, snorkel y buceo.
La iniciación al buceo en apnea fue para mí una experiencia visceral y poderosa. Aprender a respirar, a escucharme a mí misma, una inmersión no solo en el mar, sino también en mi interior, acompañada de emociones tan intensas y profundas.
El ambiente a bordo fue extraordinario: sonrisas, risas, compartir, el encuentro entre diferentes idiomas y culturas. Un ambiente humano y auténtico que te hace sentir parte de una pequeña familia.
Gran parte de todo esto se lo deben a Luca y Paola:
dos personas especiales que nos acogieron, cuidaron y mimaron con naturalidad, energía y entusiasmo.
Conocerlos como personas, además de como profesionales, ha sido un verdadero privilegio y les estoy muy agradecida.
Y luego la comida… sencillamente excelente. Desayunos siempre cuidados, almuerzos y cenas a base de pescado fresco recién capturado, platos creativos y sabores auténticos.
Desde la carbonara preparada a la perfección por Luca, pasando por las langostas y el sashimi de pescado recién pescado, hasta la tarta de cumpleaños que Paola nos preparó por sorpresa.
Cada comida fue un momento de placer compartido y de verdadera conexión.
La seguridad a bordo fue impecable. La navegación se gestionó siempre con gran atención, profesionalidad y el equipo adecuado. Me sentí constantemente en manos expertas, libre para disfrutar de cada momento con total tranquilidad.
Nadar con tiburones, observar las águilas marinas a pocos metros, meditar al atardecer, bailar bajo un cielo estrellado alrededor de la hoguera, vivir la sencillez de la vida en el mar con personas especiales que comparten tus mismas pasiones, han hecho que este viaje sea inolvidable.
Recomendaría esta experiencia sin dudarlo.
Ikigai no es solo un catamarán, sino un lugar del alma: un espacio donde recuperar el equilibrio, la energía y el sentido de las cosas importantes.
Muchísimas gracias a Luca y Paola 💙
Un viaje que llevaré siempre conmigo… y que espero repetir lo antes posible.